“El clamor de los bosques” y los incendios de este verano

Leo en Revista de Letras una  crítica a la obra El  clamor de los bosques de Richard Powers , que empieza así:

“Los mejores argumentos del mundo no van a cambiar la mente de una persona. Lo único que puede hacerlo es una buena historia.”

La creo la mejor introducción a esta gran novela ganadora del Premio Pulitzer de 2019. Me ha tenido ocupado gran parte del mes de agosto. Una obra de más de 600 páginas, que no puedes abandonar, pese a su longitud, y que te lleva a participar de un compromiso medio ambiental.

El clamor de los bosques cuenta la historia de nueve personajes que un día descubren que la sociedad en la que viven está profundamente enferma, lo cual los lleva a rebelarse.

Se trata de una novela pero, con tanta documentación que respalda la historia, podría ser perfectamente un ensayo. A los que no somos expertos en esta materia nos conduce a valorar de otra manera todo lo relacionado con los árboles y con los bosques. Nos damos cuenta, por ejemplo, que lo que ha pasado este verano con los incendios en la Amazonia, pero también en África , es ya algo, seguramente, irreversible.

Estoy convencido que la próxima gran tendencia mundial no será otra que reforzar la sensibilidad medioambiental. El cambio climático ha de ser el gran tema de ocupación ( y de preocupación) en la era del antropoceno. (Ya aparece, en alguno sitios como Bandas Creativas, como tendencia de futuro ).

Los 10 futuros según Bandas Creativas

La base científica se debe a  la ecóloga canadiense Suzanne Simard, que comprobó que los árboles de los bosques están conectados a través de una red subterránea de hongos, por donde se envían recursos vitales y comparten información. En esta charla TED lo explica.

Y en este vídeo de la BBC se resume todo de forma magistral.

(Y aquí la entrevistan)

Suzanne Simard

Como dice Richard Powers en una entrevista de promoción del libro:

EEl clamor de los bosques mi intención es sacudir al lector, haciéndole entender que la vida es algo que está por encima del destino individual. Hemos hipotecado nuestra relación con el mundo natural. Hemos devastado la práctica totalidad de la naturaleza, pero todavía queda algo que se puede recuperar. La idea central del libro es que hay una forma de vida más rica, diversa, longeva y eficaz que la humana, y o nos sumamos a ella, o estamos abocados a la extinción.

“En El clamor de los bosques, la genealogía de la no ficción es más importante que la de la ficción. Leí 120 libros para documentarme” …Y no propugno en modo alguno un regreso a una era pretecnológica, algo que por lo demás no puede suceder. No soy un monje. No soy Thoreau ni esto es Walden. Mi actitud no es religiosa ni militante. Creo que hemos logrado tener una comprensión del mundo muy profunda gracias a la tecnología, pero tenemos que encontrar la manera de usarla de modo que esté en sintonía con la tierra, no en guerra contra ella”.

Algunas críticas:

El Periódico

Da la impresión de que Powers ha querido escribir la novela definitiva sobre la lucha medioambiental, aunque eso sería reducir mucho su radio de acción y subestimar sus monumentales ambiciones, que tienen que ver con construir un relato mítico, que cruza tiempos y espacios con la velocidad con que, en el primer capítulo, se nos explica una saga familiar que parece narrada a cámara rápida, con una precisión poética no exenta de serenidad clínica. En apenas 22 páginas hay material narrativo para diez novelas. En manos de otro escritor, esta saturación narrativa sería un problema grave, sobre todo porque ‘El clamor de los bosques’ se extiende hasta las 600 páginas, y sin embargo, es un árbol que no necesita podas, cada hoja está en su lugar, como una palabra justa

La comarca

Es hermoso leer un libro como quien mide la edad de un sequoia, contando los círculos que, como años en fila india, ilustran varias generaciones de frutos y hojas caídas. Así son los árboles en esta espectacular novela de Richard Powers: el símbolo de la conexión entre dos dimensiones de lo espiritual (la tierra, el cielo) de la que ninguna cultura puede prescindir, porque los árboles son testigos vivos de la historia, y es esa mirada botánica la que nos permitirá seguir respirando en el futuro. Cuando Patricia Westerford, alias Patty-Planta, se aventura a concluir, en su investigación posdoctoral, que “es posible que el comportamiento químico de los árboles individuales solo tenga sentido si los consideramos miembros de una comunidad”, es Powers el que nos avisa de que los árboles siempre deben dejarnos ver el bosque.

Revista de letras:

Powers, un maestro en el difícil arte de contar historias, teje un entramado de relatos con el denominador común de las relaciones entre el ser humano y el bosque, narraciones agrupadas bajo los epígrafes de Raíces, Tronco, Copa y Semillas. Sus protagonistas, aislados en un principio, pero que van convergiendo a medida que avanza la obra, son personajes peculiares, marginales, con dificultades de socialización, ensimismados, esparcidos por el territorio de los EE. UU. y dedicados a diferentes tareas, que se hallan en momentos cruciales de su vida y viven experiencias en las que los árboles adquieren un papel relevante: movidos por intereses diversos, algo ilocalizable, intangible, los conduce a una pequeña población en la que se han reunido activistas de diferentes procedencias para manifestarse en favor de la preservación de un bosque primario.

Nota: Es justo recordar que la pista sobre este libro me la proporcionó tanto Santiago Beruete (Verdolatria) como Alejandro Piscitelli en El latido del mundo (Prezi).

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