Reconocimiento

Mentiría si dijera que no me ha hecho ilusión.

Me ha hecho una ilusión que va a ser inolvidable.

El acto tuvo lugar ayer en el auditorio de la Ciudad de Justicia de Barcelona y se convocaban lo que se conoce como los premios Mercè 2025 del ámbito de la Ejecución Penal en Cataluña.

Son unos premios que tienen ya una larga trayectoria, que en este 2025 han reconocido a 64 personas y organizaciones. Fue un acto muy intenso y emotivo en el que se dieron cita, además de las personas premiadas y autoridades, muchos familiares en una sala que estaba absolutamente llena (y tiene una capacidad para más de 400 personas).

En mi caso concreto, y es por lo que más valoro el reconocimiento, ha sido por —leo textualmente del diploma—:

Per la seva contribució innovadora en formació i gestió del coneixement a l’Administració pública impulsant l’aprenentatge col·laboratiu i millorant els serveis d’execució penal.

(Por su contribución innovadora en formación y gestión del conocimiento a la Administración pública impulsando el aprendizaje colaborativo y mejorando los servicios de ejecución penal).

El premio tiene más valor —por lo menos afectivo— ya que este año este tipo de galardones se ha abierto a personas que no están directamente relacionadas con la praxis diaria y directa de la ejecución penal. Concretamente, y a propuesta del director del CEJFE Marc Cerón, estaban además tres grandes catedráticos de universidad (Elena Larrauri, Josep Cid y Antonio Andrés Pueyo, que llevan décadas aportando en la mejora de los diferentes servicios que gestiona el Departamento) y el compañero Manel Capdevila, Cap del l’Àrea de Investigació y Formació en Execució Penal.

Las miradas apreciativas.

Pero más allá del reconocimiento, lógicamente muy importante, quiero dar relevancia a este tipo de actos por lo que tienen de mirada apreciativa. La creo la base fundamental para impulsar cultura organizativa cohesionadora y comprometida, promoviendo una cultura de reconocimiento y aprendizaje continuo.

Las visiones apreciativas son aquellas perspectivas que, de manera sistemática y fundamentada, reconocen y ponen en valor las contribuciones de las personas en los procesos organizativos y de mejora de la organización. Este enfoque, ampliamente respaldado en la literatura sobre gestión del conocimiento y desarrollo organizacional, subraya la importancia de identificar y potenciar los logros, capacidades y aportaciones individuales y colectivas, generando así un clima de reconocimiento que favorece la innovación y el compromiso profesional.

Tal como señala Cooperrider y Whitney (2005) Cooperrider, D., & Whitney, D. (2005). Appreciative Inquiry: A Positive Revolution in Change. San Francisco: Berrett-Koehler., la indagación apreciativa permite ‘ver lo mejor de las personas, sus organizaciones y el mundo que las rodea’, promoviendo una cultura de reconocimiento y aprendizaje continuo.

La expresión de las caras de las personas premiadas y de sus familiares reflejaba -igual que en mi caso- la satisfacción de que se había entendido que nuestro trabajo tiene sentido y sirve para transformar.  (más allá de la inevitable en muchas ocasiones carga de gestión asociada).

Las personas que me conocéis sabéis que siempre he sido -y lo practico- apreciativo.

Y quizás, viniéndome arriba, una de las razones por las que el programa de gestión del conocimiento y trabajo colaborativo Compartim, se ha sostenido 20 años ha sido porque su equipo impulsor, gestor y colaborador siempre  tuvo esta mirada.

Las niñas de las monjas

Y a propósito de miradas apreciativas y su relación con la cultura organizacional y la de aprendizaje —y recordando la magnífica exposición e introducción a su tesis doctoral que nos hizo José Luis Alonso—, la próxima entrada la dedicaré a la cultura de aprendizaje, pero desde una perspectiva muy personal y reflexionando sobre dos décadas de trabajo intenso en formación,  aprendizaje y gestión del conocimiento.

La voy a titular, recordando una anécdota que pude vivir hace muchos años, cuando estaba en BUP, en la que una de las personas de mi clase se plantó delante del profesor y le pidió, por favor, que no se refiriera más a ella y a sus compañeras como las niñas de las monjas. Os puedo asegurar que aquella intervención significó un antes y un después en la dinámica de la clase y del instituto.

2 comentarios

    • Gràcies, Tona. Vam tenir la gran sort d’explorar junts, amb moltes més persones, els inicis apassionants d’Internet i de les xarxes. La llàstima és que ara tot s’ha deteriorat i és poc engrescador. Una forta abraçada.

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