Cambio de narrativa en la innovación en la Administración pública (3 de 5)

En unos días inauguro  la Jornada anual de Innovació i Recerca del Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica.

Personas conocidas que durante muchos años estuvimos en la primera línea de exploración y de propuestas me han hecho llegar la invitación.

Tanto en el ámbito del aprendizaje como en el de la innovación siempre me ha resultado fácil preparar este tipo de intervenciones. Pero en este caso, hablando de innovación ahora en la Administración pública, me encuentro con cierta ambivalencia.

Aquellos discursos motivadores, triunfalistas y bienintencionados, que insistían en que todo es posible y que la actitud es lo importante, creo que ahora ya no tienen tanto sentido. No los encuentro naturales en este momento.

Pero, por otro lado —y de ahí la ambivalencia—, en cualquier grupo humano siempre va a haber un porcentaje de personas a las que su ADN les impulsa a estar en primera línea en la aportación y en la mejora, (arriesgando) y explorando nuevos caminos.

Por ello, creo que debemos preguntarnos, con lo que está cayendo: ¿Qué significa ahora impulsar procesos de innovación en la Administración pública? ¿Cuál es el relato que debemos impulsar en este momento?

En la intervención en la Jornada me referiré a todo ello pero ahora ya adelanto tres ideas para matizar el concepto de innovación que hemos venido manteniendo en las últimas tres décadas.

1.La maldición del Conde Drácula.

En el Congreso Edo 2023, junto a Marcelo Lasagna y Ascen Moro, organizamos un simposio titulado «La maldición del Conde Drácula». Abordamos la repetición constante de propuestas y experiencias en la Administración pública, evidenciando una falta de continuidad, comparable a la pérdida periódica de la memoria organizacional y la reiteración cíclica de procesos. El simposio nos permitió analizar distintos aspectos relacionados con este fenómeno y explorar soluciones. (Asimismo, Marcelo Lasaña (y hablo por él) inició el desarrollo de una propuesta centrada en la complejidad de las organizaciones y avanzó en la elaboración de un instrumento de diagnóstico, que ha completado posteriormente).

2. La organización pública y las personas que la conforman han (hemos) cambiado.

Los grandes proyectos de innovación de principios de siglo, como la Xarxa XIP en Cataluña impulsada por Jordi Graells; InnoGent de Juliana Vilert, Mei Pararols, Cristina Fumadó y Marta Sabater ;  o la red estatal de innovadores públicos (Miguel de Bas), formaron parte de una etapa participativa que hoy resulta difícil imaginar.

Latiendo en el fondo está el hecho probado que las organizaciones evolucionan a través de distintas fases. Según David Lancefield en Harvard Business Review, existen cuatro etapas clave: Crecimiento y renovación, Estabilidad y ejecución, Reflexión y cosecha, y Desafío y transformación. Es fundamental identificar en qué etapa se encuentra una organización y adaptar el liderazgo a ella, ya que satisfacer las necesidades de cada fase es lo más importante.

3. Nuevas necesidades y nuevos valores.

En los dos últimos meses dos grandes premios han recaído en personas que abordan el trabajo cognitivo intelectual/cognitivo desde perspectivas que  a mi juicio defienden una visión más crítica del …se puede todo. Hablan más de la protección del tiempo, del  autocuidado personal  y  en contra de  lógicas de (sobre) trabajo  que al final son contraproducentes.

En este contexto, cabe destacar que Remedios Zafra ha sido galardonada recientemente con el Premio Nacional de Ensayo, mientras que Byung-Chul Han recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, ambos reconocimientos que refuerzan la relevancia, (resumiéndolo mucho) de sus aportaciones críticas al debate sobre el trabajo intelectual/burocrático.

Ideas con las que me quedo para reflexionar:

  • La crítica al activismo y la superficialidad de Remedios Zafra. La constante demanda de «novedad» puede llevar a una innovación por la innovación misma, sin una reflexión adecuada sobre su propósito o sus implicaciones. La innovación debe ir más allá de la mera búsqueda de eficiencia para abordar problemas sustantivos y mejorar la calidad de vida, evitando la instrumentalización de las personas o la precarización de ciertos roles.
  • La fatiga de la hiperactividad y la autoexplotación. Byung-Chul Han critica la sociedad del rendimiento donde la presión por ser «proactivo» e «innovador» lleva a la autoexplotación. En este contexto, un relato de innovación inmaduro puede sobrecargar a los empleados con la expectativa de generar constantemente nuevas ideas, sin proporcionar el espacio, los recursos o el reconocimiento adecuados.
  • Finalmente, hay autores que están poniendo de manifiesto una nueva que  manera de relacionarnos con  el trabajo (aquí por no hacer mas largo el posts solo los menciono) .  Por un lado  Sarah Jaffe, con su «Work Won’t Love You Back«, y por otro Alex McCann en sus artículos sobre la muerte del trabajo corporativo.  

En cualquier caso, este anterior es solo uno de los aspectos que actualmente deben gestionarse.

No quiero acabar en tono pesimista ya que, al fin y al cabo, lo desarrollado es solo una de las muchas aspectos que ahora mismo tenemos que aprender a gestionar. En la próxima publicación abordaré cómo puede articularse este proceso, siempre desde una perspectiva experiencial y optimista.

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