No pienses, mira.

Este es el título del libro que Mercè Ibars dedica a las personas que quieren entender el arte contemporáneo.

La frase puede ser contraintuitiva en el ámbito del aprendizaje, donde siempre defendemos la necesidad de la reflexión después de la acción. Pero puede que en ocasiones también esté indicada.

Me voy a explicar.

Este fin de semana, en un viaje a Montpellier, tuve la oportunidad de visitar su feria anual de arte contemporáneo, la novena edición.

Si ya en una galería de arte te dejas llevar y sorprender por los y las artistas que la conforman, imagina esta experiencia multiplicada por 60 galerías.

Una experiencia inmersiva que solo puede ser asimilada si miras, te dejas sorprender y evitas la tentación de plantearte demasiado qué es aquello que ves.

(En un post posterior plantearé algunos paralelismos de esta experiencia con los ámbitos de innovación y gestión del conocimiento que, aparentemente tan alejados, puede que no lo estén tanto).

De todas maneras, lo que planteo ahora es la sensación que tuve la semana pasada, que me tocó, por temas de (mala) agenda personal, hacer tres grandes reflexiones en los tres ámbitos que han sido mi trabajo en las últimas décadas.

Como ya recogí en una entrada anterior, hablé de innovación para el Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica. Un día después, a través de una invitación de David Álvarez, de Conecta 13, hablé de gestión del conocimiento. Y hace solo tres días hice lo mismo en la ECLAP, pero sobre comunidades de práctica.

Las reflexiones sobre innovación las podéis encontrar aquí ya publicadas.

Las de gestión del conocimiento, gracias a la oportunidad de David, comencé a replantear y revisar cómo la gestión del conocimiento está siendo afectada por la adopción de la inteligencia artificial. Como ya ha explicado en diversas ocasiones Javier Martínez Aldanondo, y yo estoy en esa posición también, los ámbitos de recogidas, codificación, clasificación, distribución y puesta a disposición de la información y del conocimiento van a depender exclusivamente de la inteligencia artificial. Y, como ya hemos explicado en ocasiones anteriores, los ámbitos de creación, sobre todo a través de la colaboración mediante comunidades de práctica, van a tener cada vez más opciones.

Tu próxima visita no será humana.

Entre otras cosas, planteé cómo las escasas visitas a los repositorios institucionales puede que ya no tengan tanta importancia, porque las visitas que iremos recibiendo van a ser de bots. Las páginas web, en su forma tradicional, pasarán a la obsolescencia. Los parámetros de puesta a disposición del conocimiento van a girar en torno a las plataformas de inteligencia artificial, que ya son una fuente importante de visitas. Y todo ello implica que hay que hacer cosas, sobre todo por parte de los departamentos de difusión y comunicación.

Y, finalmente, el evento sobre Comunidades de práctica lo creo muy importante, ya que reflexionó sobre aquello que es realmente sustantivo: cómo se inician y cómo se mantienen las comunidades de práctica. A falta de la experiencia de la IAAP Andalucía, las personas que intervinieron, tanto del programa Compartim, como las de Salut Pública de Cataluña, las de la EFIAP de Murcia y las propias que están poniendo en marcha en el ECLAP, son un buen ejemplo de que la salud de las CoPs va a ir a más.

Por cierto, quizás uno de los aspectos menos esperados y qué más impacto va a tener en futuro fue la temática última mesa redonda. Una conversación entre María del Mar Ibáñez, la facilitadora /moderadora de una CoP absolutamente genuina. La de archiveros. Está ofreciendo autenticidad y funcionamiento canónico. María del Mar habló del efecto acompañamiento a las personas que trabajan habitualmente de forma aislada. La réplica vino a cargo de Laura Díaz, una formidable técnica del programa Compartim que ha introducido un elemento nuevo en las CoPs: convertirse en cuidadora de sus miembros.

Mi participación fue una entrevista muy bien diseñada por Manel Muntada, que me permitió hacer un repaso de aquello que considero fundamental. Próximamente se publicarán tanto las conclusiones que el propio Manel elaborará como la grabación completa de la jornada.

2 comentarios

  1. Jesús, leyéndote me ha venido a la mente algo que cada vez tengo más claro: la necesidad de comprender es, muchas veces, una forma de encorsetar lo que percibimos dentro de nuestros propios sesgos cognitivos. Cuando buscamos una narrativa que lo explique todo, en realidad estamos subordinando ese “todo” a una narrativa personal, limitada y profundamente condicionada.

    Quizá por eso me resuena tanto ese “No pienses, mira”. No porque pensar no sea valioso —lo es, y mucho—, sino porque mirar sin la urgencia de entender abre un espacio que rara vez nos permitimos: el de ser atravesados por lo que percibimos sin necesidad de nombrarlo, sin reducirlo a lo ya sabido. Creo que Byung-Chul Han habla de algo parecido cuando reivindica la contemplación frente al exceso de producción de sentido.

    Y si en algún momento hay que nombrar, quizá valga más la pena nombrar las sensaciones que despierta lo vivido, en lugar de apresurarnos a clasificarlo o explicarlo. Lo cual, además, se convierte en un ejercicio de autoconocimiento tan útil como infrecuente.

    A veces lo más transformador no es entender, sino permitirse sentir sin domesticar la experiencia.

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  2. Coincido Manel contigo. En el post he querido poner en valor una vía de conocimiento que no se base estrictamente en el pensamiento y su capacidad de interpretar sino que dejarse llevar por las emociones y sensaciones más primarias. El mundo del arte -que por cierto ahora estoy haciendo formación- nos da lecciones sobre ello. Nos invita a adentrarnos en lo desconocido sin «problematizar lo» o reinterpretarlo. Es a partir de aquí donde ya podemos establecer nuevas «dosis» de conocimiento que nos ayuden a subir de nivel.

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