Hace unas semanas, durante una conversación con un (gran) consultor del ámbito de la Administración Pública, me comentó ( de pasada) una interesante experiencia: aprovechando un periodo de menor actividad, este profesional pidió a una plataforma de inteligencia artificial (GPT) que LE analizara toda su producción publicada en internet, especialmente en blogs, para obtener una visión objetiva sobre el mensaje que transmitía y la imagen proyectada. Los resultados le sorprendieron, pues le ofrecían perspectivas propias inesperadas que, ( me confesó) tras una reflexión más pausada, terminó asumiendo😉.

Esta anécdota me llevó a una reflexión personal sobre el legado que ha dejado nuestra generación desde el inicio de internet, especialmente aquellos que comenzamos con entusiasmo a finales de los años ochenta.
Lectura crítica del propio recorrido
En mi caso, en lugar de replicar el experimento del colega, la decisión ha sido realizar ( vía NotebookLM) una lectura profunda de todo lo que he publicado en el blog a lo largo de veinte años. Son más de 500 entradas, con una evolución clara: las primeras, abundantes y rápidas; las últimas, más espaciadas y reflexivas. En los últimos dos años, debido a (mayores) compromisos laborales, el ejercicio de reflexión fue menos frecuente, coincidiendo con el inicio de la explosión de la inteligencia artificial, tema que ya se recogió en algunas entradas.
El blog como catalizador de aprendizaje colectivo ( texto a partir de aquí elaborado con con IA)
El blog, que comenzó como un espacio de memoria personal y organización de ideas, se transformó progresivamente en un catalizador de conversaciones y en un entorno donde aprender a aprender era la clave. A lo largo del tiempo, la experiencia ha demostrado que el aprendizaje es acción y conversación. Se ha superado la visión tradicional del aula y del experto pasivo, adoptando metodologías activas, experienciales y situadas, donde el «aprender haciendo» es el principio rector.
Las Comunidades de Práctica (CoPs) han revelado el poder de la inteligencia colectiva y el conocimiento distribuido. Cuando los profesionales disponen de autonomía y se les invita a cocrear y curar el conocimiento, se convierten en motores de la innovación, incluso en entornos burocráticos. La formación relevante ha evolucionado de producto a servicio, apoyando el autoaprendizaje y la curación de contenidos.
La irrupción de la inteligencia artificial
Cuando parecía que se tenían claras algunas coordenadas, la inteligencia artificial irrumpe con un impacto disruptivo definitivo en la manera de aprender, relacionarse y trabajar. No es una moda pasajera. Ya en 2017, el CEO de Expoelearning, Jose Lozano, centró el evento en la inteligencia artificial. En ese mismo año, las primeras reflexiones sobre Machine Learning anticipaban la obsolescencia de los métodos tradicionales si no se adaptaban al nuevo ecosistema.
La inteligencia artificial no es solo algoritmos llamativos; su impacto más profundo es invisible y requiere una detección atenta. Obliga a repensar desde la generación hasta la filtración y curación del conocimiento. Donald Clark ya advertía que los LMS tradicionales se han quedado obsoletos, mientras que la nueva generación de asistentes personales y la realidad aumentada transforman el aprendizaje.
Retos y oportunidades ante la inteligencia artificial
Surge la cuestión planteada por Tony Bates: ¿utilizaremos la tecnología para sustituir a profesores mediante la automatización, o para empoderar a docentes y estudiantes? La inteligencia artificial ofrece posibilidades inéditas de personalización y autonomía en el aprendizaje, pero también riesgos, como la dependencia de algoritmos no transparentes y la automatización de la conducta colaborativa, un escenario aún lejano.
Actualmente, nos encontramos en una zona de fricción y creación, donde es necesario apostar por entornos de trabajo eficientes que se conviertan en verdaderos espacios personales y profesionales de aprendizaje. Estar en la cúspide de la expectación sobre IA y Machine Learning, según la curva de Gartner, exige una actitud activa y no de mero espectador sorprendido.
Hacia una nueva cultura de aprendizaje
La principal lección es la necesidad imperiosa de formación continua y de potenciar el «aprender a aprender», tanto a nivel individual como organizacional. Se debe fomentar una cultura de aprendizaje donde la curiosidad sea la puerta y la autonomía de los aprendices sea el motor. El rol de los profesionales del aprendizaje se expande: de diseñadores de cursos a diseñadores de arquitecturas de participación, impulsores de liderazgos distribuidos, cuidadores y entrenadores de talento, y curadores estratégicos de contenidos.
Es fundamental integrar el aprendizaje en el flujo de trabajo, buscando la hibridación entre trabajo y aprendizaje. La evaluación debe centrarse en el impacto real sobre el rendimiento, no solo en la asistencia o satisfacción. Además, se debe reivindicar el valor estratégico de la formación y los recursos humanos en la toma de decisiones organizativas.
El futuro del aprendizaje y la transformación
El futuro no consiste en esperar a ser programados, sino en aprender a programar. Este es el reto más exigente y valioso. Aunque el blog entre en pausa o se reinvente, el viaje del aprendizaje y la transformación continúa. Las preguntas seguirán presentes y las respuestas emergerán de la capacidad de conectar, conversar y, sobre todo, del compromiso constante con el aprendizaje.
Este desafío es, en definitiva, un emocionante salto cuántico en el crecimiento personal, que invita a reinventar cada día la forma de acompañar a las personas en su desarrollo profesional y personal.
Nota: también he perdido a NotebookLM que me hiciera la relación de las personas que más había citado en estos 20 años.
Lo dejo para la próxima entrada comparando la perspectiva de la Inteligencia Artificial con la mía propia.
Por cierto, una de las personas que cito es precisamente el consultor que aludía principio de la entrada.
Jesús, la IA nos tiene que ayudar a tener más tiempo para analizar y pensar, lo contrario es suicido intelectual. Un abrazo,
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