Las tres cosas que aprendí el día que envíe 1.000 correos electrónicos.

Jornadas

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Al día siguiente de acabar el Congreso EDO, Javier Martínez Aldanondo me preguntaba mi opinión  sobre cómo había ido. Le contesté en términos muy elogiosos. Pero, por ser un poco más específico y viendo que me quedaba un poco corto, añadí que, quizás, una de las ponencias en la que teníamos más expectativas no estuvo a la altura. También, ¡como no!, volví a mencionarle lo que ya es un clásico en todo tipo de congresos: el uso (abuso) aun generalizado del Power Point y, lo que aún es peor, su muy mal uso ( en profesionales que se pasan la vida comunicando).

Inmediatamente, como movido por un resorte, mi interlocutor preguntó: bueno, ¿y qué habéis aprendido?

Pensé un poco antes de contestarle, quizás para tomar tiempo sobre un ejercicio de reflexión que (aún) no había hecho;(.

Viene esto a cuento por cuanto, más allá de la anécdota del ponente y del Power Point, me llamó la atención el hábito mental de Martínez Aldanondo que, enseguida, asociaba el error, o una (mala) praxis con un proceso de reflexión inmediato.

¿Qué hemos aprendido  ya hecho el ejercicio de reflexión?

En el caso del ponente, obviamente, buscar más y mejores referencias y contrastarlas antes de cursar la invitación. Y, en el caso del Power Point, tal y como recomienda Jeff Bezos , no ya desaconsejar su uso sino, directamente, prohibirlo. Y ofrecer una alternativa narrativa y más natural (Brezos propone un paper de seis páginas donde se cuente una historia).

Pero, sirva está larga introducción para reflexionar sobre otra experiencia (aquí no la llamaría error), sobre algo que ocurrió también en la misma semana. Se refiere al título del post: las tres cosas que aprendí el día que envíe 1.000 correos.

Fruto del reparto de tareas entre los dos autores del libro Aprender en la Organizaciones de la Era Digital y el director de la colección, me correspondió enviar las invitaciones. Disponía de una cantidad muy alta de correos y, en ausencia de un gestor de correo solvente, tuve que hacerlo en bloques de 200 correos, en un proceso muy artesanal.

Si habéis hecho este tipo de tarea alguna vez sabéis que requiere de la máxima concentración y cuidado. Se hacen necesarias comprobaciones regulares para evitar equivocaciones, las cuales pueden ser muy molestas para los receptores. Se trata, por tanto, de una tarea mecánica que puede llegar a ser muy aburrida, y, por ello muy propensa al error.

Cuando hacia este trabajo no dejaba de pensar en que las tareas creativas, ahora en las organizaciones (muy justamente), están muy visibilizadas y recompensadas. Pero, también me preguntaba si estamos cayendo en el error, de minusvalorar otras, como es la gestión del mailing, que son básicas pero tienen un componente poco sexy. Creo que pueden estar bastante invisibilizadas, y a las personas que las hacen, en algunos casos, poco valoradas

Fruto de esta reflexión general anote tres cosas más específicas que aprendí de esta experiencia.

  1. En la combinación de lo creativo y lo mecánico está la virtud. No debemos sobrevalorar la parte innovadora de la organización y no reconocer la base que lo hace posible. Hibridar tareas de diferente tipo y acomodar personas y funciones según sus fortalezas, puede ser lo más satisfactorio y eficiente para la organización.
  2. El futuro ya está aquí pero está muy mal repartido. Esta es una frase muchas veces repetida (no recuerdo ahora el autor), que pone el foco en el gap entre tecnología disponible y la brecha en su uso. Sin ir más lejos, en días recientes se presentó el nuevo Google Assistent y se habló de las mejoras introducidas en Gmail en base a Inteligencia Artificial. Supondrá, creo, y en muy breve plazo, la evolución de los gestores de correo tradicionales.
  3. La gestión del conocimiento es organizacional pero, antes, es personal. Aprender requiere gestionar el conocimiento y una buena fórmula para ello está en rutinizar los componentes en los que se basa. Javier Martínez Aldanondo, por volver al interlocutor con el que iniciaba el post, en su contribución al Simposium Recursos Humanos y Formación del Congreso Edo, se refería a ellos como la base de lo que él llama el músculo del aprendizaje: hacer, reflexionar, sistematizar y, después ,compartir. Y, en palabras de Juan Freire (foto) su rutinización es aún más minimalista: crear, aprender y ejecutar.

Con lo cual, si alguna vez tenéis la necesidad de poner 1.000 correos, amigos y amigas,  recordad que no es algo rutinario y pesado de lo que no podáis aprender algo;)

 

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