Después de pensarlo mucho, ha llegado el momento de migrar. En los últimos 20 años, como sabéis quienes me habéis seguido, la cadencia de aportaciones ha ido disminuyendo. Aun así, han sido casi dos décadas años con más de 500 entradas, pero ahora todo está cambiando ( la IA) y necesitamos otro tipo de espacio para interactuar.
Voy a probar en la plataforma substack. Y ,precisamente, acabo la etapa WordPress con una reflexión crítica sobre la evolución de Internet .
Por lo tanto, No es un adiós, sino un cambio de casa.
A partir de hoy, todas mis nuevas publicaciones se enviarán desde Substack. Me encantaría que me acompañaras en esta nueva etapa. ¡También encontrarás las 500 entradas anteriores!
Puedes seguirme aquí: 👉https://jesuscejfe.substack.com/
Gracias por estar al otro lado durante todos estos años. ¡Nos vemos en el próximo correo!enzaré en la nueva plataforma con una reflexión sobre la relación entre aprendizaje e inteligencia artificial.
El texto siguiente es un resumen de una propuesta que he hecho para organizar debates presenciales en un espacio propicio como es el Ateneu de Barcelona.

¿Podemos permitirnos una nueva decepción?
Aún no hemos digerido del todo la gran decepción que supuso para toda una generación —la que vivió con entusiasmo el nacimiento de Internet— cuando ya nos encontramos ante una nueva disrupción tecnológica y social: la inteligencia artificial. Y esta vez, el golpe puede ser mucho mayor.
Durante los años ochenta y noventa creímos que Internet sería una herramienta emancipadora, un espacio de autonomía personal y comunitaria. Y durante un tiempo lo fue. El llamado Internet 2.0 abrió espacios de participación inéditos.
Pero algo se torció.
¿Cuándo se jodió Internet?
Casi sin darnos cuenta, las grandes plataformas —las antes conocidas como GAFA— se hicieron hegemónicas. Los contenidos independientes se diluyeron, los algoritmos dejaron de ser neutrales y empezaron a priorizar lo rentable, lo polarizante, lo adictivo.
Llegaron las fake news, la relativización de la verdad y, como ya anticipó Nicholas Carr, los “daños colaterales”: deterioro cognitivo, pérdida de atención, empobrecimiento del pensamiento crítico.
Hubo reacciones —prohibición de pantallas en escuelas, dietas informacionales, llamadas a la desconexión—, pero quedaron como advertencias marginales frente al tsunami de la economía de la atención.
El nuevo escenario: la IA acelera todo
Con la inteligencia artificial, el problema se multiplica. Dos factores lo agravan:
- La velocidad de adopción: en apenas tres años, herramientas como ChatGPT/Gemini se han vuelto omnipresentes.
- El impacto acumulado: consumo energético, efectos cognitivos, redistribución del trabajo, y sobre todo, un riesgo profundo para la vida democrática.
Quizá lo más preocupante sea la pérdida de capacidad crítica, tanto individual como colectiva. Si dejamos de necesitar espacios de deliberación, dejamos también de construir un “nosotros” compartido, como advertía Hannah Arendt.
Y aunque empiezan a aparecer estudios sólidos —como el reciente metaanálisis sobre “deuda cognitiva”—, las alertas siguen siendo tratadas como exageraciones apocalípticas.
La brecha que ya está aquí
La tesis es clara: existe una distancia creciente entre la adopción masiva de herramientas de IA y la comprensión real de sus riesgos.
Como señalan ya diferentes autor@s , la transformación es imparable, pero sus efectos colaterales no tienen por qué ser inevitables. No deberían ser el precio que pagar.
¿Qué hacer?
Siguiendo a Arendt, necesitamos espacios off, lugares donde pensar juntos sin mediación algorítmica. La eficiencia y la comodidad que ofrece la IA no pueden eclipsar un debate sereno sobre su impacto social, cultural y político.
No se trata de caer en el tecnoutopismo ni en el ludismo, sino de articular alternativas responsables.