¡Ojo al dato! No es tiempo para hiperliderazgos.

Confieso que he quedado atrapado durante un  par de días. Era una lectura pendiente y se ha convertido, en estas vacaciones navideñas, en una lectura adictiva. Las  expresiones siguientes, guste o no el deporte, ya han quedado grabadas en, al menos,  una generación:

  • «panda de vividores» y «chupópteros»
  • «emperadores del buen comer y catedráticos del buen beber», «gorrones»
  • «pelotas», «enchufados», «mindundis», «tiralevitas», «chiquilicuatres», «lametraserillos», «correveidiles», «maleteros», «estómagos agradecidos»  «abrazafarolas».

 La biografía “Buenas noches y saludos cordiales: José María García. Historia de un periodista irrepetible” de Vicente Ferrer Molina es, al menos para las personas de una cierta edad,  fascinante.

Cuando se publicó en su día no quise comprarla y, ahora, que está disponible en Prime Reading, me la he bajado. Y, a medida que la leía, desplazaba mi interés inicial desde el foco de periodista polémico, a la de personaje megainnovador e hiperlider.   Mi hipótesis personal -y por eso hago este post-,  es que creo que más que por tramas políticas, deportivas y empresariales (la tesis del libro) , lo que precipitó su caída  definitiva y su no retorno, fue su estilo de liderazgo,  ya de espaldas a la nueva sociedad de principio de siglo.  De los 70 a los 90, ese tipo de líderes carismáticos  funcionaron, pero desde finales de siglo  y ,sobre todo, ya en este, se desenvuelven mal. Ni, aunque seas -dicho con estas palabras-, el puto amo.  

Veamos:

La faceta por la que me ha atrapado la lectura ha sido por la innovación constante y recurrente que siempre imprimió a su trabajo. Ya desde los inicios, en la prensa escrita, no podía dejar de pasar ninguna oportunidad de hacerlo distinto y hacerlo mejor. Si su trabajo no ocupaba la primera página del periódico, no era un buen día. Y casi siempre lo conseguía, aun dedicándose a los deportes (pero no despreciaba nada que él intuyera que podría ser de impacto (retransmitió la matanza de estudiantes en México en 1968 y el 23 F, por ejemplo). En sus inicios, en los setenta, reinventó la crónica deportiva escrita: utilizó otro tipo de lenguaje,  actualizando  el  que había heredado la profesión en la etapa franquista.  Y ya no paró hasta su marcha final en 2002. Citas del libro:

  • A él se refería Martín Ferrand cuando hablaba de los «códigos de lenguaje exclusivo» con los que el periodista se relacionaba con sus oyentes. Como quienes le escuchaban pasaron a ser legión, aquellas expresiones características acabaron generalizándose en todos los ámbitos
  • Si avanza una noticia es «en rigurosa primicia informativa». Si quiere subrayar algo, pone sobre aviso al personal: «¡Ojo al dato!». Lo que cuenta «no tiene desperdicio», es «rigurosamente cierto» y lo narra un «testigo», un «protagonista» o un «comentarista de excepción». Disfruta cada vez que puede ofrecer un «impresionante documento sonoro”.

Creo que en esa época, en la que la etiqueta innovación no estaba tan de moda, él era genuinamente una persona que vivía para superar lo que se había hecho el día anterior. Y lo hacía con tanta intensidad que era desbordante en su hiperliderazgo. Tanto es así que en todas las organizaciones y empresas en la que estuvo su salida fue abrupta (una gran cadena radiofónica por década) . Y, todo ello, con un precio muy elevado. Salvo un grupo pequeño de muy allegados, a los que les exigía obediencia absoluta, su manera de relacionarse con los colegas y compañeros era de una competitividad e individualismo atroz. Llegaba, incluso, al trato despótico con su equipo.

El ego y el individualismo absoluto lo mató.

El precio que tuvo que pagar fue el abandono progresivo de todos los colaboradores que habían trabajado con él. En la salida traumática de Antena 3 Radio  a la Cope,  el que era su equipo,  con Javier Ares a la cabeza,  se mantuvieron en la antigua emisora y no quisieron acompañarlo. La razón que dieron es que necesitaban volar solos. En esto, su equipo fue pionero y se avanzó a su época: crecimiento profesional más que dinero.

García fue quizás el último hiper líder carismático de nuestra era. Recuerdo ahora los millones y millones de seguidores que acumulaba. Pero, también, es verdad que progresivamente la audiencia le fue dando la espalda. Preferían, progresivamente, a comunicadores de perfil más plano, más cercano, como José Ramón de la Morena, presentador de El larguero. Los duelos en la noche entre Super García y  El larguero fascinaban  a millones de oyentes. Ganó el novato frente a la figura consagrada. En clave sociológica: la audiencia joven frente a los veteranos. Citas del libro:

  • El 18 de abril de 1995, el EGM confirma que El Larguero ha desbancado a Supergarcía. De la Morena registra 1.360.000 seguidores; García, 1.230.000.
  • La Ser había intentado muchas estrategias para desplazarlo. Al final coadyuvamos todos a acabar con ese liderazgo simplemente aportando soportes documentales. Todo lo que él defendía nosotros lo contraponíamos, pero documentándolo. Eso y el toque de humor que utilizábamos fueron la clave. (José Ramon de la Morena)

Innovación constante en tecnología.

Pero es justo reconocer que García fue un gran innovador y eso fue lo que le mantuvo en primera  línea durante tres décadas. Por ejemplo, inventó  la transmisión inalámbrica,  el uso de los primeros teléfonos móviles en  retransmisiones imposibles en las carreras ciclistas: desde un helicóptero, utilizando como  repetidores móviles a las motos.  Cita del libro:

  • Permanece atento a los cambios que se producen en la comunicación y apuesta fuerte por Internet con un portal temático dedicado al deporte. Funcionó un par de años y se adelantó a las páginas web que surgieron posteriormente. Pero eran tiempos en los que la publicidad en la Red era anecdótica y el proyecto fracasó.

En fin, una  lectura muy recomendable que nos habla de los límites  de la innovación  y del liderazgo entendidos como un bagaje personal más que de equipos. Lo dicho, malos tiempos para hiperliderazgos.

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